Fibra hasta la granja por economía colaborativa

Como casi por obligación, al incluir el título las palabras “economía colaborativa”, hay que acudir a ejemplos como Airbnb, Uber o Bla bla Car, para poner en situación al lector sobre en qué consiste esta filosofía tan “en boga” y que tan buenos resultados está cosechando en ciertas aplicaciones como muestran los ejemplos mencionados. En todo caso, debe quedar claro que el factor común en cualquier solución que quiera etiquetarse como de “economía colaborativa” debe basarse necesariamente en un grupo de personas que colaboran para satisfacer sus propias necesidades.

Pues bien, si queremos aplicar la economía colaborativa al mundo de las telecomunicaciones, y más concretamente a la banda ancha, podemos arriesgarnos a denominar esta mezcla con un nuevo término “Bottom-up-Broadband Networks” (BuB en adelante). La esencia de los proyectos basados en BuB es la existencia de un colectivo con necesidades no cubiertas por el mercado en acceso a servicios de banda ancha (cobertura, calidad y/o precio) y que están dispuestos a realizar un esfuerzo individual coordinado para la creación de una red para tener acceso a los servicios demandados satisfaciendo sus expectativas. Esta alternativa de financiación también se recoge de manera protagonista una guía publicada por la Comisión Europea sobre inversión en redes de banda ancha de alta velocidad.

Antes de nombrar algunos ejemplos, es necesario que nos detengamos un momento para conocer cuáles son los eslabones de la cadena de valor que hace posible que un usuario disfrute de servicios de banda ancha. Principalmente son los 3 siguientes:

  • Nivel 3. Proveedor de servicios (“SP”): El que presta el servicio a través de la red.
  • Nivel 2. Operador/Proveedor de red (“PN”): El que opera, mantiene los elementos activos de la red (equipamientos de cabecera, tales como routers, switches, servidores de gestión y monitorización, etc.)
  • Nivel 1. El proveedor de infraestructura física (“PIP”): El que despliega y mantiene los elementos pasivos de la red como cables, postes, ductos, etc.

El escenario natural para el surgimiento de redes de banda ancha basadas en economía colaborativa o en mecanismos de financiación masiva (como el  crowdfunding) son zonas en las que la competencia no es fuerte ( o simplemente no existe) por no resultar rentables económicamente al sector privado tradicional. Centrándonos en redes de fibra óptica hasta el hogar, surge la peculiaridad de que el coste mayor va orientado al necesario para la creación de las redes de fibra óptica, siendo mucho menores y bien controlados, los asociados al mantenimiento de las mismas (bastante menos costoso, por ejemplo, que las redes de cobre tipo xDSL).

En una red FTTH creada con economía colaborativa el propietario de la misma suele ser único (una entidad sin ánimo de lucro que represente a todos los usuarios y pequeños inversores), debiendo tener necesariamente un carácter abierto y neutro, como mínimo en el nivel 3 e idealmente también en nivel 2, de la relación anteriormente listada.

Una vez superado el esfuerzo inversor en la creación de la red, se fomentaría la competencia en la explotación de la misma para que varios SP puedan prestar servicios a los usuarios finales. Lógicamente para hacer sostenible la red, un porcentaje de la cuota mensual de los usuarios finales que percibe el prestador del servicio de banda ancha debe ir destinado al operador de red y al proveedor de la infraestructura pasiva  para la operación y el mantenimiento de la misma. El siguiente esquema pretende ilustrar la cadena de valor anteriormente listada:

Cadena Valor "Bottom-up Broadband". Elaboración propia.

Cadena Valor “Bottom-up Broadband”. Elaboración propia.

Dicho así, a aquellos que les coja por sorpresa todo esto, podrían catalogar esta alternativa como una mera declaración de buenas intenciones. Pero nada más lejos de la realidad, como veremos en este artículo.

El primer ejemplo que me gustaría recoger es el que me impulsó a interesarme más por el tema protagonista en esta entrada. Concretamente fue a raíz de un evento de la Comisión Europea en el marco de la RIS3 que tuvo lugar en Sevilla a finales del 2013 , donde en la intervención  de Crister Mattson pude descubrir una interesante experiencia de despliegue de redes FTTH en el norte de Suecia bajo el paraguas de la economía colaborativa. La iniciativa la llamaban “Fiber To The Farm” en alusión al despliegue de redes de fibra en granjas, zonas rurales, alejadas y muy dispersas, donde por ejemplo, los propios usuarios ayudaron a realizar las zanjas para el despliegue de los cables de fibra óptica y demás elementos de red asociados.

Fiber To The Farm, Suecia, Crister Mattson, en jornada RIS 3 Sevilla 2013.

Fiber To The Farm, Suecia, Crister Mattson, en jornada RIS 3 Sevilla 2013.

Pero no hay que irse tan lejos para encontrar experiencias de redes FTTH basadas en economía colaborativa. Gracias a un proyecto cofinanciado por la Unión Europea, llamado “BuB For Europe” tenemos acceso a abundante información sobre oportunidades y experiencia en este campo, entre la que encontramos varios pilotos de despliegues de redes de fibra bajo el modelo BuB en tres localidades de Cataluña: Gurb, Vic y Rubí. Pasaré a continuación a resumir el primero.

Primera fase del despliegue de fibra óptica en Gurb, bajo modelo BuB. Fuente:  Fiber From The Farm, Report on Pilots on Fiber Deployment.

Primera fase del despliegue de fibra óptica en Gurb (Barcelona), bajo modelo BuB. Fuente: Fiber From The Farm, Report on Pilots on Fiber Deployment.

En el siguiente esquema se pretende particularizar la cadena de valor expuesta anteriormente al caso de Gurb, un pequeño municipio situado en la provincia de Barcelona de unos 2.500 habitantes y con una densidad de menos de 50 personas por Km2.:

Cadena Valor BuB, para piloto en Gurb (Barcelona). Elaboración propia y fuente de datos: Jorge Andrés Beltrán, memoria "Fiber From The Home"

Cadena Valor BuB, para piloto en Gurb (Barcelona). Elaboración propia y fuente de datos: Jorge Andrés Beltrán, memoria “Fiber From The Home”

Dentro de la web anteriormente mencionada podemos encontrar una memoria de Jorge Andrés Beltrán Calderón (su trabajo fin de grado “Fiber From The Home”)  donde se detallan los datos de este piloto. A fecha de abril de 2013, la red contaba con 75 casas conectadas a 1 Gbps simétricos por una cuota mensual de 20 € (sin iva) por la prestación del servicio de acceso a internet que ofrecía el único SP ubicado en la red hasta esa fecha, GurbTec. De esta cuota el SP aporta 8€ a la fundación Guifi.net  (NP & PIP). Asimismo Jorge recoge en su memoria una inversión por usuario de unos 1.000 €, cantidad que, considerando las alternativas existentes en Gurb  con velocidades conexión más altas (25 Mbps), se habría amortizado a los 3 años de servicio.

Esto es sólo una muestra del potencial de la economía colaborativa aplicada a la creación de redes de fibra óptica y de su viabilidad, aunque quizás lo más complicado sea el encontrar un colectivo como el de Gurb, en situación de brecha digital motivada por la carencia de redes de acceso ultrarrápidas, y sobre todo con una apuesta decida de cada afectado para aportar su granito de arena y ser parte de la solución. 




Ingeniero de Telecomunicación & PMP