El caos de la fibra óptica explota en España

El vertiginoso despliegue de fibra óptica que estamos experimentando en España se asemeja en gran medida a una tormenta que descarga una ingente cantidad de agua en tan poco tiempo que los sistemas de desagüe no están preparados para soportar. La presión del mercado por ofrecer mejores servicios a mejores  precios hace que todo el enjambre creado en la provisión de servicios de fibra óptica en España se haya tambaleado con la reciente “rebelión de los instaladores de telecomunicaciones”.

A inicios de este mes apereció en los medios de comunicación la noticia de que los instaladores de redes de fibra óptica iniciaban en Madrid una rebelión contra Telefónica por el vencimiento del contrato de esta compañía con sus empresas instaladoras y por las condiciones de “semiesclavitud” que soportaba este colectivo: “Estos empleados están sufriendo una precarización salvaje de sus condiciones laborales, pues en ocasiones trabajan siete días a la semana con jornadas que superan las diez horas por menos de mil euros” (denunciaba José Ruíz Muñoz de UGT en elmundo.es.)

La respuesta del operador para apaciguar las aguas no tardó en producirse anunciando que se prorrogaban los acuerdos actuales con sus subcontratas, pero parece que este punto de inflexión quiere ser aprovechado por los sindicatos para que los trabajadores puedan ver mejoradas sus condiciones laborales, manteniéndose una huelga indefinida a nivel nacional como medida de presión. Y parece que ésto ha sido sólo el comienzo, porque como cabría esperar este asunto también ha salpicado ya a otros operadores.

En cualquier caso, esta situación no debe sorprender a quienes conozcan este “mundillo” ya que el modelo caótico instaurado en España en el mercado de la fibra óptica hacía presagiar que esta crisis podría explotar tarde o temprano. Merece la pena estudiar pues el “enjambre” de agentes implicados para entender mejor los motivos de esta “revuelta” e indagar posibles soluciones:

En el esquema anterior se intenta mostrar un resumen de los principales agentes implicados y cómo se suelen relacionar unos con otros. En la cabeza se encuentran obviamente los operadores de telecomunicaciones, propietarios de las redes de fibra óptica. Éstos suelen sacar a nivel nacional unas “RFQ” (Request For Quotation) a las que ciertas empresas ofertan para conseguir contratos generales con un compromiso de UI’s pasadas (Unidades Inmobiliarias) en un determinado plazo.

A su vez las “empresas ganadoras de esas RFQ” suelen subcontratar el despliegue de las redes de fibra óptica según el tipo de trabajos a realizar. El diseño de la red es lo que normalmente  suelen ejecutar directamente este tipo de empresas responsables del despliegue con más frecuencia, aunque no es raro encontrar el encargo estos trabajos a ingenieros autónomos.

Para que un diseño pueda ser aprobado y se pase a la etapa de construcción de la red, se suele pedir que entorno al 60% de los permisos involucrados estén conseguidos. De este trabajo se encargan los coloquialmente conocidos como “permiseros” y consiste en lograr los permisos de instalación de los propietarios de las infraestructuras privadas por donde pasará la red (por ejemplo: la comunidad de propietarios para que se instale el cable de fibra óptica en fachada). Ni que decir tiene que el trabajo lo suelen ejecutar personas contratadas a tiempo parcial por estas empresas “permiseras”.

Una vez está el diseño aprobado, pasan a la acción las empresas de construcción de la red, que de nuevo contratan a instaladores de telecomunicaciones en plantilla o bien a autónomos hasta que se finalice el encargo.

Al término del proceso, la empresa responsable del despliegue entrega al correspondiente operador la red FTTH con una serie de documentación asociada: memoria, planos, presupuestos, permisos, replanteos, reportaje fotográfico, y pruebas de campo que muestren el correcto funcionamiento y diseño de la red (pruebas de reflectometría óptica, pruebas de potencia y pruebas de sincronismo).

Por otro lado, los operadores pueden encargar a empresas diferentes de las responsables del despliegue los trabajos de certificación y control de calidad (las conocidas como “BQA, Business Quality Assurance”) de las redes de fibra óptica. Por último, una vez aceptada la red por el operador, entran en juego las llamadas “alteras”, que no son más que las empresas que se encargan de realizar la instalación en casa del cliente final cada vez que se produce un alta en un servicio de FTTH de un operador.

Como se observa el resumen anterior hay numerosos niveles de subcontratación, desde que el operador decide realizar la inversión de desplegar una red de fibra óptica, hasta que el “altero” viene a nuestra casa y nos instala la roseta óptica.

Se considera un punto clave el primer nivel de contratación, donde los operadores suelen reservarse ya algunas importantes medidas de presión, tales como disminuir el número de UI’s concedidas a las empresas “ganadoras” de los diferentes RFQ si no se van cumpliendo unos hitos intermedios de despliegue. Este efecto es demoledor, ya que el recorte tiene un efecto en cadena tanto en dirección descendiente, como en dirección horizontal, dado que el número de UI’s reducidas será cubierto por otra empresa responsable de despliegues de redes de fibra óptica, la cual seguramente ya esté trabajando para otro operador haciendo que aumente su nivel de saturación, y provocando que la presión llegue hasta los escalafones más inferiores de la cadena, ya sea por un lado, o por otro.

Desgraciadamente, y como viene siendo lo común, la mejora de toda esta situación pasa, no porque los operadores se aprieten el cinturón, si no porque repercutan un aumento de precios a los consumidores finales, (ya lo hemos podido comprobar en noticias recientes).




Ingeniero de Telecomunicación & PMP